Algunas noches parecen escritas con burbujas. En la Maison Moët Hennessy en Buenos Aires, un grupo de amigos se reunió para celebrar la vida, el arte y el placer de compartir los mejores champagnes del mundo, en un escenario que combina patrimonio, arquitectura y sofisticación.
El inicio de un ritual: Baron B Héritage Édition 005
La bienvenida llegó con el Baron B Héritage Édition 005, una creación que marca un hito en la historia de la maison: por primera vez, un espumoso Brut Rosé se incorpora a la serie Héritage.
Inspirado en un magnum inédito de 2014 guardado en las cavas de Baron B, este assemblage reúne las añadas 2014, 2016 y 2018. El resultado es un rosé de burbuja finísima, color salmón pálido y aromas a frutos rojos frescos, flores secas y brioche, con una boca amplia, tensa y de final persistente. Un espumoso de gran complejidad y potencial de guarda, que anticipó la excelencia de lo que vendría.

Entre amigos y burbujas legendarias
La segunda etapa de la noche los llevó a un ambiente más íntimo, donde la conversación fluyó al ritmo del Veuve Clicquot Extra Brut Extra Old Série 4.
Elaborado exclusivamente con vinos de reserva de entre 1996 y 2016, esta edición limitada expresa la memoria líquida de la casa francesa. De burbuja delicada y textura cremosa, combina notas de cítricos confitados, miel y frutos secos, con una acidez vibrante que equilibra su estructura.
Un champagne que habla de tiempo y paciencia, ideal para acompañar los primeros bocados de la noche. Como en la inolvidable cena del film danés La Fiesta de Babette, todos comenzaron a relajarse, a reír y a dejar que la magia de la mesa hiciera su trabajo.


El hallazgo de la cava secreta
El momento de asombro llegó con el descubrimiento de la cava secreta, hallada por trabajadores durante las remodelaciones de esta casona construida a comienzos del siglo XX, hoy declarada Patrimonio de la Ciudad.
Entre muros de piedra y una luz dorada que parecía suspender el tiempo, los esperaba una cena exclusiva dedicada a los grandes íconos de la Champagne.
Allí brillaron dos leyendas: Dom Pérignon Blanc Vintage 2010 en formato Magnum y Dom Pérignon Blanc Vintage 2015.
El 2010, considerado un año desafiante por las condiciones climáticas, entrega una expresión poderosa y mineral, con notas de almendra, jazmín y frutas blancas. El 2015, en cambio, deslumbra por su energía y precisión: cítricos maduros, tiza húmeda y un fondo de pan brioche. Dos interpretaciones distintas de un mismo ideal de armonía y pureza.

La cúspide: Krug Grand Cuvée 163ème Édition
El punto culminante de la noche fue el Krug Grand Cuvée 163ème Édition, la definición misma de la complejidad.
Elaborado a partir de 250 vinos base de 12 añadas distintas (1990–2007), es una obra maestra del ensamblaje. Su profundidad aromática, que combina notas de avellanas, miel, frutas confitadas y cítricos tostados, se sostiene sobre una textura sedosa y un final casi eterno.
Un champagne que invita al silencio: ese instante de respeto y admiración que sólo provocan los grandes vinos.
El dulce final
Como cierre lúdico y refrescante, llegó el Moët & Chandon Ice Impérial, servido con una torta de chocolate soberbia.
Creado especialmente para servirse con hielo, este champagne —el primero en la historia pensado para ese ritual— combina Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay, en un perfil exuberante, frutal y goloso, ideal para cerrar la velada con un gesto moderno y festivo.
Una noche irrepetible, donde Buenos Aires se convirtió, por unas horas, en la capital mundial del champagne.
Por Marcelo Chocarro



