Alrededor de 1930, Giuseppe Cipriani trabajaba como bartender en un hotel de la ciudad de Venecia. Allí conoció a un cliente estadounidense llamado Harry Pickering, quien solía pasar sus días disfrutando de la vibrante atmósfera veneciana. Sin embargo, la suerte de Harry cambió drásticamente cuando su tía, que lo acompañaba, lo dejó en la ciudad sin un centavo y con numerosas deudas. Cipriani, conmovido por la situación, decidió prestarle 10.000 liras, una cifra que representaba todos sus ahorros en ese momento. Aunque Harry desapareció sin dejar señales, Cipriani confiaba en la buena fe de su cliente.
Casi un año después, y cuando Cipriani ya había casi olvidado aquel préstamo, Harry Pickering reapareció en Venecia. No solo le devolvió el dinero que Cipriani le había prestado, sino que le añadió un generoso extra de 20.000 liras como muestra de gratitud. Con esa inesperada fortuna, Cipriani decidió realizar un viejo sueño: abrir su propio bar. Así nació Harry’s Bar, un bar de estilo americano que se convirtió rápidamente en un referente para la élite europea. Personalidades como Ernest Hemingway, Orson Welles y Truman Capote eran asiduos visitantes del establecimiento, fascinados tanto por la atmósfera como por las creaciones culinarias.
Además del célebre Bellini, una mezcla jugo de durazno blanco con Prosecco, que lleva el nombre de otro artista renacentista, Cipriani inventó el Carpaccio. La historia de su creación es igualmente fascinante: en 1950, la condesa Amalia Nani Mocenigo, una cliente regular, fue diagnosticada con anemia severa. Su médico le recomendó comer carne cruda, una idea que la condesa encontraba insoportable. Desesperada por ayudarla, Cipriani decidió innovar. Tomó un trozo de lomo de ternera, lo enfrió hasta que estuviera firme y lo cortó en finísimas láminas. Luego, para suavizar el sabor, lo aderezó con una mezcla cremosa de mayonesa, leche, limón, salsa Worcester, sal y pimienta blanca.
La condesa quedó encantada con el resultado, tanto que pronto el plato se convirtió en una de las especialidades del menú. Pero, ¿por qué el nombre Carpaccio? En ese momento, Venecia albergaba una exposición dedicada al pintor renacentista Vittorio Carpaccio, conocido por sus obras en tonos rojizos y vibrantes. Inspirado por la similitud entre los colores del plato y las pinturas del artista, Cipriani decidió nombrar su nueva creación en homenaje al maestro renacentista. Harry’s Bar no solo se convirtió en un símbolo de la alta cocina y el buen gusto, sino en un lugar lleno de historias y anécdotas que reflejaban la efervescente vida cultural de Venecia. El mismo Hemingway, asiduo visitante, describió en alguna ocasión al lugar como «un bar donde uno podría quedarse toda la vida».
Por: Luis Lahitte



