En un mundo donde todo parece acelerarse, hay proyectos que eligen ir más profundo. No solo producir, sino emocionar. No solo vender, sino trascender. Así es el camino que viene construyendo desde hace años Patricia Ortiz junto a su marido Jorge: una mirada donde el vino y el arte no se cruzan por casualidad, sino por convicción.
Mucho antes de que la palabra “experiencia” se volviera tendencia en la industria, en Bodega Tapiz ya existía una idea clara: el arte debía ser parte del ADN del proyecto. No como un complemento, sino como un lenguaje más. Un lenguaje capaz de amplificar lo que el vino por sí solo ya expresa.
Esa visión hoy se materializa en Club Tapiz, donde el edificio que alguna vez fue bodega dejó de ser únicamente un espacio productivo para convertirse en un verdadero reducto cultural. Un lugar donde los antiguos toneles y piletas conviven con obras contemporáneas, donde la arquitectura dialoga con la historia y donde cada rincón propone una nueva forma de mirar —y de sentir— el vino.

Este jueves por la noche, ese espíritu vuelve a tomar forma con la inauguración de la muestra “Dos Orillas”, de la artista española Pame Pereira. Una propuesta innovadora que invita a cruzar fronteras, a conectar territorios y sensibilidades distintas, en línea con un concepto que Patricia y su equipo vienen desarrollando desde hace años: abrir la bodega al mundo del arte y al público que busca algo más que una degustación.

Pero este camino no empezó ahora. El arte siempre estuvo presente en la vida de Patricia Ortiz y su familia. Antes de sus primeros pasos en el vino, esa sensibilidad formaba parte de su universo, creciendo con el tiempo hasta consolidarse en un espacio donde cultura y vino se potencian mutuamente.
En paralelo, la bodega sigue mostrando su capacidad de innovación en otros frentes: desde el desarrollo de vinos con menor graduación alcohólica hasta la incorporación de nuevas categorías como los vinos sin alcohol, entendiendo que el consumidor evoluciona y que el desafío está en acompañarlo sin perder identidad. Tapiz, además, siempre tuvo su norte puesto en la exportación de sus vinos.

Así, el caso de Tapiz no habla solo de una bodega, sino de una forma de entender el vino hoy. Una forma más abierta, más sensible, más conectada con otras disciplinas.
Porque cuando el vino abraza al arte, deja de ser solo una bebida. Se convierte en una experiencia. Y este jueves, en Club Tapiz, esa experiencia abre sus puertas.
Ubicado en Maipú, Mendoza, Club Tapiz se ha consolidado como uno de los espacios más singulares del vino argentino: un lugar donde la historia de la bodega convive con un museo permanente, una galería de arte contemporáneo y propuestas enoturísticas que integran cultura, gastronomía y paisaje en un mismo recorrido, y donde el visitante puede alojarse en su distinguido hotel.
En ese escenario, la obra de Pame Pereira encuentra un marco ideal. Con “Dos Orillas”, la artista española propone una instalación que explora territorio y conexión, y refuerza una idea que en Club Tapiz ya es una realidad: el vino dejó de ser solo vino para convertirse en experiencia.
Por el equipo de Saber Salir



