Durante décadas, la conversación sobre la sustentabilidad en el mundo del vino estuvo centrada en el viñedo: reducir el consumo de agua, minimizar el uso de agroquímicos, proteger la biodiversidad o adaptarse al cambio climático.
Sin embargo, una nueva pregunta comienza a ganar espacio dentro de la industria: ¿y si uno de los mayores desafíos ambientales del vino no estuviera en la viña, sino en la botella?
La empresa estadounidense Revino acaba de recibir una subvención pública de US$ 4,87 millones para construir en Lompoc, California, la primera planta de lavado y reutilización de botellas del estado. Cuando entre en funcionamiento, hacia fines de 2027, tendrá capacidad para procesar hasta 10 millones de botellas de vidrio por año destinadas a volver al mercado.
El proyecto responde a un dato que cada vez preocupa más a las bodegas. Diversos estudios muestran que la fabricación del vidrio y su transporte representan la mayor fuente de emisiones de carbono dentro de la cadena de producción del vino, incluso por encima de muchas de las tareas realizadas en el viñedo.
Por ese motivo, numerosas bodegas comenzaron durante los últimos años a reducir el peso de sus botellas para disminuir su impacto ambiental. La neozelandesa Felton Road, por ejemplo, utiliza envases un 22% más livianos y embalajes de cartón reciclado para reducir el consumo energético asociado al transporte.
Del reciclaje a la reutilización
Revino propone ir un paso más allá.
Su sistema recupera las botellas utilizadas, elimina las etiquetas, las lava, las desinfecta, realiza inspecciones electrónicas y las vuelve a poner en circulación. Según la empresa, cada botella puede reutilizarse hasta 50 veces y permite reducir aproximadamente un 85% las emisiones de carbono respecto de una botella descartable. Con apenas tres reutilizaciones, el envase alcanza prácticamente la neutralidad de carbono.

La iniciativa ya dejó de ser una prueba piloto. Desde su creación en 2022, Revino trabaja junto a más de 120 bodegas de la costa oeste estadounidense, comercializó cerca de 1,9 millones de botellas reutilizables y dispone de más de cien puntos de devolución distribuidos en supermercados y comercios especializados.
Una pregunta que también comienza a hacerse el consumidor
No es una inquietud exclusiva de las bodegas.
A medida que los consumidores se interesan cada vez más por el origen de los alimentos, la trazabilidad y el impacto ambiental de lo que consumen, también aparecen nuevas preguntas durante ferias de vinos, degustaciones, visitas a bodegas y experiencias enoturísticas.
¿Qué ocurre con las botellas una vez que terminamos el vino? ¿Se reciclan realmente? ¿Podrían reutilizarse de manera segura?
En realidad, parece una pregunta bastante lógica. Si una botella de vidrio puede conservar sus propiedades durante décadas, ¿por qué fabricar una nueva cada vez que se consume una botella de vino? Durante años el reciclaje fue considerado la mejor alternativa, pero la reutilización aparece ahora como un paso superador dentro de la economía circular.
En otras palabras, el verdadero desafío ya no sería fabricar mejores botellas, sino evitar fabricar tantas.
Sudamérica avanza, pero por otro camino
En Sudamérica, la sustentabilidad también ocupa un lugar cada vez más importante dentro de la vitivinicultura, aunque con un enfoque diferente.
En Argentina, bodegas como Catena Zapata, Zuccardi, Luigi Bosca, Susana Balbo Wines, Trivento, Domaine Bousquet y Argento vienen desarrollando importantes programas de reducción de la huella de carbono mediante la utilización de botellas más livianas, mayor incorporación de vidrio reciclado, mejoras logísticas y certificaciones ambientales.

Si una botella de vidrio puede conservar sus propiedades durante décadas, porque fabricar una nueva cada vez que se consume una botella de vino. La pregunta que se hace el consumidor
Chile también muestra avances significativos de la mano de productores como Concha y Toro, Viña Emiliana, Santa Rita y Miguel Torres Chile, referentes regionales en agricultura regenerativa, eficiencia energética y gestión sustentable.
Brasil y Uruguay, por su parte, impulsan diversas iniciativas vinculadas al reciclaje, la eficiencia energética y la economía circular, aunque todavía sin desarrollar sistemas industriales de reutilización de botellas destinados específicamente al vino.
La diferencia es que, hasta el momento, ninguno de estos países cuenta con un circuito organizado de recuperación, lavado, inspección y reutilización de botellas comparable al que comienza a consolidarse en Estados Unidos.
Un debate que recién comienza
Durante décadas, la innovación vitivinícola estuvo asociada al viñedo, a las variedades, a los terroirs y a la elaboración.
Hoy, el próximo gran cambio podría venir del envase.
La experiencia de California demuestra que la reutilización industrial del vidrio dejó de ser una idea experimental para convertirse en un modelo respaldado por inversión pública, tecnología y una creciente adhesión de las bodegas.
La pregunta ahora es inevitable: ¿podría Argentina —uno de los diez mayores productores de vino del mundo y líder vitivinícola de América Latina— convertirse también en pionera de un sistema de botellas reutilizables?
El debate recién comienza. Pero si algo demuestra la historia del vino es que las grandes transformaciones suelen empezar con una pregunta sencilla.
Y quizás una de las más importantes sea esta: ¿tiene sentido seguir fabricando millones de botellas nuevas cuando una sola podría utilizarse decenas de veces?
Por Marcelo Chocarro

