Con las exportaciones en su nivel más bajo en años, el sector vuelve a mirar al Lejano Oriente. Pero Asia no es un solo mercado: hay países que se reactivan, otros que están en crisis y algunos donde solo entran las marcas grandes.
Un contexto que obliga a buscar mercados
El vino argentino viene de un año duro. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en 2025 las ventas al exterior, sumando vino fraccionado y a granel, llegaron a 661 millones de dólares FOB, con una caída interanual del 7,2%. Fue un año de récords negativos: el volumen más bajo desde 2004 y el valor más bajo desde 2009. La comparación con el pico reciente es elocuente: en 2021 las bodegas habían facturado 817 millones de dólares en el exterior. En el sector explican que el problema no es solo argentino: hay más consumidores potenciales, pero compran vino con menos frecuencia y en menores cantidades.

En 2026 aparecieron algunas señales de alivio, aunque con matices. Entre enero y mayo las exportaciones de vino a granel crecieron 61,9%, pero la facturación total llegó a 258,3 millones de dólares FOB, apenas 0,4% más que en igual período de 2025. Es decir, se vende más volumen, pero a precios más bajos.

En ese escenario, Asia vuelve a aparecer en el radar. Pero cada país está en un momento distinto.
China: se mueve, pero todavía lejos de su mejor momento
China, el gran mercado de la región, es también el que más vino argentino compra en Asia.
El gigante asiático empieza a reactivarse, aunque los envíos de contenedores rondan hoy el 60% de los volúmenes históricos. Hay movimiento, pero el mercado no volvió a su nivel anterior. Durante la pandemia, las ventas argentinas a China se mantuvieron estables entre 22 y 25 millones de dólares por año. En 2024 llegó el bajón: entre enero y agosto, las importaciones chinas de vino argentino en contenedores cayeron casi 11% en volumen y 27% en valor.
Igual, el vino argentino tiene una base desde donde crecer. Según estimaciones del sector, en 2025 las exportaciones a China superarían los 36 millones de dólares, con un volumen de 7,8 millones de litros. En las ferias chinas se ven nombres como Susana Balbo Wines, el portfolio de marcas de Ernesto Catena, Andeluna, Marcelo PelleritiWines, Monteviejo, Finca Sophenia, Gauchezco, Finca Quara, Bodegas Bianchi y Familia Zuccardi, además de Catena Zapata y bodegas salteñas como El Porvenir de Cafayate. El desafío sigue siendo hacerse conocer en un país enorme, donde la presencia argentina todavía es chica.
Vietnam: sin consumo y con el vino maltratado
Vietnam atraviesa una crisis que se arrastra desde hace algunos años, y el consumo prácticamente se frenó. A eso se suma un problema estructural: buena parte de la gastronomía funciona en restaurantes abiertos, con mucho calor y humedad. El vino se guarda y se sirve caliente, y sufre un maltrato que afecta directamente su calidad.
Un buen ejemplo de esa escena es Quán Ăn Ngon, en Hanói. Funciona en una vieja villa con un gran patio de ladrillo, rodeado de cocinas abiertas donde se preparan especialidades callejeras de todo el país. Casi todos sus comensales son vietnamitas: familias que comparten un hot pot con cerveza y cenas de negocios regadas con vino de arroz. Es la postal del nhậu, la costumbre local de juntarse alrededor de mucha comida, que suele comerse con las manos, y bebida, casi siempre cerveza. En ese ambiente al aire libre, una botella de vino tinto pierde la batalla contra el calor antes de llegar a la copa.

Se arma un círculo vicioso. Los vinos que no se venden quedan estacionados en malas condiciones y terminan arruinándose, y el consumidor que los prueba así se lleva una mala imagen del producto. De fondo, falta educación de mercado: tanto el público como quienes venden y sirven vino necesitan aprender a conservarlo y a servirlo a la temperatura correcta. Los propios sommeliersvietnamitas recuerdan que en el país no es tradición beber mientras se come, con la cerveza como única gran excepción.
Corea: un consumidor educado que paga por calidad
Corea aparece como uno de los destinos más interesantes, y los números lo respaldan: es el segundo comprador asiático de vino argentino, detrás de China. Es una sociedad con más cultura del vino, y eso se nota en la góndola y en la carta. El vino argentino crece allí sobre todo en la gama alta.
Catena Zapata ve a Corea como un mercado significativo, donde los vinos argentinos premium, súper premium y ultra premium son muy apreciados. Lo importa ShinsegaeL&B, el principal importador de vino del país. Luigi Bosca, con más de una década en el mercado, apuesta a restaurantes, bares y hoteles de alto nivel. La oferta es amplia: en una degustación organizada por la Embajada argentina en Seúl se presentaron más de 200 vinos argentinos de 70 bodegas, representadas por 32 importadores en Corea.
Japón: la vara más alta y las marcas más grandes
Japón es un buen mercado, pero el más exigente de todos. El consumidor japonés busca marcas reconocidas, y eso le cierra la puerta a las bodegas chicas o poco conocidas. Lo confirman los nombres que llegan, casi siempre de la mano de grandes importadores. La cadena Aeon trabaja con Susana Balbo, Viento Sur y Clos de los Siete. Trapiche llega con Mikuni Wine, Norton y Kaiken con Enoteca, y Familia Zuccardi con Sapporo. También están Luigi Bosca, Rutini, Catena Zapata, Doña Paula, Familia Schroeder y Pascual Toso, entre otras.
El caso que mejor resume esa lógica es Trivento, que en Japón importa Mercian, uno de los principales distribuidores del país. La bodega mendocina, filial de la chilena Concha y Toro, fue reconocida en 2024 como la marca de vino argentino más vendida del mundo por cuarto año consecutivo. Su vino insignia, el Trivento Reserve Malbec, es un Malbec accesible que se convirtió en un fenómeno global: en el Reino Unido llegó a ser el vino tinto más vendido, sumando todos los orígenes. Es exactamente el tipo de etiqueta que el consumidor japonés reconoce y elige: una marca con volumen, constancia y presencia.
La lección asiática: cuidar el vino también es venderlo
El panorama deja una conclusión clara: exportar no alcanza. China pone el volumen, pero todavía está lejos de su mejor momento. En mercados como Vietnam, el principal obstáculo no es el producto sino lo que le pasa después de llegar. En Corea y Japón, en cambio, hay consumidores preparados, dispuestos a pagar por calidad, pero que exigen marca, constancia y presencia.
Para el vino argentino el desafío es doble: elegir bien dónde apostar y acompañar cada botella con educación y cuidado. Educar a quienes lo venden, lo sirven y lo toman; cuidarlo hasta el final del viaje. Asia no se conquista con un embarque: se construye con paciencia, presencia y confianza.
Por Marcelo Chocarro

