París, Londres, Barcelona, Viena, Los Ángeles, Melbourne y Buenos Aires tienen algo que, hasta hace pocos años, parecía una rareza: viñedos creciendo dentro de la ciudad. En octubre, representantes de este movimiento se reunirán en Barcelona y comenzarán a definir cuál será la sede mundial de 2027. Buenos Aires podría ser una de las candidatas.
Durante mucho tiempo hablar de viñedos fue hablar de campo, montañas, valles y grandes extensiones alejadas de las ciudades. Pero algo está cambiando. En distintas partes del mundo las vides empiezan a formar parte también del paisaje urbano.
Hay viñedos en París, Londres, Viena, Barcelona, Lisboa, Milán, Turín, Roma, Los Ángeles, Melbourne, Adelaida, Brasilia y Buenos Aires, entre muchas otras ciudades. Algunos conservan siglos de historia; otros nacieron recientemente como proyectos ambientales, culturales, turísticos o educativos.
Todos forman parte de una tendencia que empieza a ganar escala: la viticultura urbana.
La Urban Vineyards Association (UVA) nació justamente para conectar este tipo de experiencias y proteger el patrimonio rural, histórico y paisajístico que representan los viñedos dentro de las ciudades. La organización los concibe no solamente como espacios productivos sino como herramientas de biodiversidad, integración social, turismo y sustentabilidad urbana.
La red se expandió aceleradamente durante los últimos años. En mayo de 2025 reunía 25 viñedos urbanos de diez países y desde entonces continuó incorporando proyectos; actualmente su propio sitio enumera experiencias desde Europa hasta América, Australia y Sudamérica.
Entre ellas aparecen nombres tan diferentes como el histórico Clos Montmartre de París, Forty Hall Vineyarden Londres, Can Calopa de Dalt en Barcelona, la Vignadella Regina de Turín, viñedos en Venecia, el Jardín Botánico de Roma, Hollywood Classic Wines en Los Ángeles y experiencias en Melbourne y Adelaida.

De Barcelona a Buenos Aires
El próximo capítulo de esta historia tendrá lugar entre el 16 y el 18 de octubre de 2026, cuando Barcelona reciba el encuentro mundial de la Urban Vineyards Association.
La edición promete ser la más numerosa realizada hasta ahora, con más de 30 miembros confirmados y un programa organizado junto a L’Olivera, responsable de Can Calopa de Dalt, uno de los proyectos emblemáticos de viticultura periurbana de Barcelona.
Pero el encuentro tendrá además una definición especialmente interesante: durante la Asamblea General se elegirá la ciudad que albergará la edición 2027.
Y allí aparece una oportunidad para Buenos Aires.
Argentina ingresó recientemente a este mapa internacional a través del viñedo desarrollado por Bodega Gamboa junto al Hotel InterContinental Buenos Aires, en pleno casco histórico porteño.

Plantado en 2024 en Monserrat, a pocos metros de Plaza de Mayo y junto a la Iglesia de San Juan Bautista, el proyecto convirtió un espacio inesperado del centro de la ciudad en un pequeño paisaje vitivinícola.
Cuenta con más de 150 plantas de Malbec, Torrontés y Pinot Noir y abrió al público durante 2025, combinando el viñedo con propuestas gastronómicas, degustaciones y eventos.
Su incorporación a la Urban Vineyards Associationconvirtió además a Buenos Aires en parte formal de una red que incluye algunos de los viñedos urbanos más singulares del mundo. La propia asociación destaca a Bodega Gamboa InterContinental entre sus integrantes y señala el proyecto argentino como su llegada a Sudamérica.

¿Qué puede aportar un viñedo a una ciudad?
La pregunta resulta interesante porque difícilmente los viñedos urbanos compitan con las grandes regiones vitivinícolas por volumen.
Ese tampoco parece ser su objetivo.
Su valor está en otro lugar.
Un viñedo en medio de una ciudad recupera espacios, conserva biodiversidad, puede proteger variedades históricas y genera un vínculo muy particular entre agricultura y vida urbana. Pero además crea nuevos circuitos turísticos y gastronómicos.
El visitante ya no necesita viajar cientos de kilómetros para tener un primer acercamiento al mundo de la vid.
Puede encontrársela camino al trabajo, detrás de un hotel, junto a un edificio histórico, dentro de un parque o incluso en un campus universitario.
Por eso muchos de estos proyectos funcionan también como espacios educativos, culturales y comunitarios.
La asociación sostiene precisamente que los viñedos urbanos constituyen un patrimonio agrícola, histórico y cultural y que, en algunos casos, conservan variedades antiguas que desaparecieron de áreas productivas más comerciales.
Ese cruce entre vino, ciudad, turismo, gastronomía, patrimonio y sustentabilidad explica buena parte del crecimiento del fenómeno.
Buenos Aires 2027
La posibilidad de que Buenos Aires presente su candidatura para recibir el encuentro internacional de 2027 abre ahora una nueva etapa.
No sería solamente traer a productores de distintos países.
Sería también una oportunidad para mostrar una Buenos Aires vinculada al vino desde un lugar diferente.
Argentina suele presentarse al mundo vitivinícola desde Mendoza, Salta, San Juan o la Patagonia. Un encuentro de viñedos urbanos permitiría contar otra historia: la de una de las grandes capitales latinoamericanas incorporando la vid a su propio paisaje.
Y además establecer un puente con una provincia de Buenos Aires que durante los últimos años también empezó a construir una identidad vitivinícola propia.
El proyecto urbano de Monserrat está vinculado a Bodega Gamboa, cuya finca principal se encuentra en Campana. De esta manera, la experiencia conecta el corazón de la Capital con viñedos bonaerenses ubicados a menos de una hora de la ciudad.
Barcelona será entonces mucho más que el próximo encuentro de los viñedos urbanos.
Será también el lugar donde se decidirá qué ciudad tomará la posta.
Y quizás, después de Barcelona, las vides del mundo tengan su próxima cita en Buenos Aires.
Por el equipo de Saber Salir

