A poco más de una hora de Buenos Aires, Areco atraviesa un gran momento. A las clásicas estancias y la tradición gauchesca se sumaron pequeños hoteles con historia, una gastronomía cada vez más interesante, cafeterías, productos artesanales y propuestas culturales que justifican quedarse todo un fin de semana.
El fin de semana pasado volvimos a San Antonio de Areco y la sensación fue clara: el pueblo está en un gran momento.
Areco conserva aquello que siempre lo distinguió —la tradición, las calles tranquilas, el río, las viejas casonas y el universo gauchesco—, pero alrededor de esa identidad apareció una oferta mucho más amplia para quienes buscan una escapada de dos o tres días.
Hoy hay opciones para dormir prácticamente para todos los presupuestos, lugares nuevos y clásicos para comer, buena pastelería, productos artesanales y una agenda cultural que empieza a sumar otro argumento para viajar.
Dormir entre estancias y casonas históricas
Para quienes buscan la experiencia de campo siguen estando las grandes referencias del turismo rural.
Estancia El Ombú de Areco es uno de los clásicos. Su casco fue construido en 1880 y se encuentra a unos 11 kilómetros del pueblo. Hoy combina alojamiento, naturaleza y actividades de campo.
También está La Bamba de Areco, otra de las propuestas tradicionales para quienes buscan vivir Areco desde el campo y con un nivel de servicio más sofisticado.

Pero no hace falta salir del pueblo para encontrar lugares con personalidad.
Hotel Antigua Casona funciona en una antigua casa reciclada, muy cerca del centro y del río. Es uno de esos pequeños alojamientos que permiten entender otra parte de Areco: habitaciones amplias, patios y la sensación de estar durmiendo dentro de una casa que todavía conserva buena parte de la arquitectura del pueblo.

Esa variedad es uno de los cambios interesantes de Areco: se puede elegir entre el lujo de una estancia, turismo rural o pequeños hoteles urbanos con historia.
Comer: de una buena porción al plato más sofisticado
La gastronomía merece por sí sola organizar el viaje.
Para algo informal y sin demasiadas vueltas, Pulpería Lo de Tito sigue siendo una fija: cocina generosa, porciones abundantes y precios amigables. De esos lugares donde uno sabe más o menos qué va a encontrar y justamente por eso vuelve.

Otra opción para quienes buscan carnes al fuego es El Bodegón del Chivo, con una propuesta de parrilla bien alineada con el espíritu de Areco.
Pero el pueblo también empezó a mostrar una cocina más contemporánea.
Ahí aparece Colorado Areco.

Nuestra experiencia pasó por un arroz cremoso con frutos de mar, chipirones y un muy buen ojo de bife acompañado por una papa que resume bastante bien el cuidado de la cocina: primero se cocina entera y después se fríe, logrando una superficie bien crocante y un interior cremoso.
Es otra forma de mirar Areco. Ya no solamente desde el asado y la cocina criolla tradicional, sino incorporando restaurantes que permiten pensar también en una salida gastronómica más sofisticada.
Café, chocolate y alfajores
Entre comida y comida también hay buenas razones para caminar.
Raíces de Cacao es una parada para café, pastelería y chocolate.

Y casi inevitablemente aparece La Olla de Cobre, una chocolatería artesanal que se convirtió en uno de los nombres asociados a Areco y en una parada obligada para llevarse chocolates y alfajores.

Hablar de “los mejores alfajores del mundo” siempre puede abrir una discusión, pero después de probarlos es fácil entender por qué tantos visitantes vuelven a buscarlos.
Cuando al campo se suma la música
Y Areco empieza a ofrecer algo más.
De la mano de Olivia Houssay y Jerónimo Guiraud, @oliviayjeronimo, apareció una propuesta que combina música, comida y un entorno mucho más íntimo.
En las afueras del pueblo, el espacio invita a comer algo, tomar una copa y escuchar música en vivo, lejos del formato tradicional de un restaurante o una sala de conciertos.
Este fin de semana, por ejemplo, Adrián Berra se presentó allí dentro de un ciclo de conciertos íntimos.

Ese tipo de propuestas termina de completar la escapada: campo durante el día, una buena mesa y música por la noche.
Un Areco que se renueva sin perder su identidad
Quizás ahí esté el secreto del buen momento que vive San Antonio de Areco.
No intentó convertirse en otra cosa.
La tradición gauchesca sigue presente. Las estancias continúan siendo parte central de su identidad. El casco histórico, las pulperías y el paisaje rural siguen explicando buena parte de su atractivo.
Pero alrededor de todo eso aparecieron nuevas capas.
Más opciones para alojarse.
Más gastronomía.
Cafés y productores artesanales.
Música.
Experiencias.
Areco ya no es solamente un lugar para pasar el día, almorzar y volver.
Cada vez hay más razones para llegar un viernes y regresar el domingo.
Y, a poco más de una hora de Buenos Aires, eso lo convierte en una de esas escapadas que vale la pena volver a mirar.
Por Marcelo Chocarro

