A veces repetimos que “los argentinos no somos solidarios”. Y en parte, las cifras acompañan esa sensación: según los principales estudios de CAF y GDFE, solo 1 de cada 10 argentinos dona de manera sostenida.
Argentina aparece, año tras año, entre los países con menor frecuencia de donación estable. Pero también hay un dato que cambia por completo la mirada: cuando hay una emergencia, nuestra solidaridad se multiplica.
Inundaciones, incendios, campañas virales, crisis humanitarias… ahí sí nos movilizamos todos.
Es en esos momentos cuando vuelve a aparecer algo muy nuestro: esa capacidad de ponernos en el lugar del otro sin pensarlo dos veces. De salir corriendo a ayudar, aun cuando la estadística diga otra cosa. De demostrar que somos un país que puede dormir, pero no es indiferente.
La Subasta Solidaria de Vinos nació justamente de esa fibra. Hace casi veinte años que las bodegas donan lo más valioso que tienen —botellas únicas, ediciones irrepetibles, etiquetas fuera de mercado— para transformarlo en ayuda concreta.
Este año, lo recaudado se destinará 100% a cuatro organizaciones que trabajan todos los días donde más falta hace:
- Hogar Querubines, acompañando a niños y familias en situación de vulnerabilidad.
- Down Is Up, impulsando inclusión social y educativa.
- Refugio Mi Fiel Amigo, rescatando y cuidando animales que no tienen a nadie.
- Puentes del Alma, brindando apoyo comunitario allí donde la red se rompe.




En un país en el que la solidaridad estable cuesta, la Subasta demuestra que cuando nos llaman, respondemos.
Que detrás de cada botella hay una historia.
Que detrás de cada brindis, hay una causa.
Y que cuando el corazón argentino despierta, no hay índice que pueda medirlo.
Por equipo de Saber Salir



