El pasado miércoles, la provincia de Buenos Aires se convirtió —aunque sea por unas horas— en la nueva embajada del vino austríaco en Sudamérica. La prestigiosa Bodega Gamboa, ubicada en Campana, fue sede de la primera feria de vinos austríacos en Argentina, organizada junto con la Embajada de Austria. El evento reunió a más de 12 bodegas de renombre internacional y convocó a una selección de profesionales del vino local: importadores, distribuidores, sommeliers, periodistas especializados, dueños de restaurantes y chefs de alta gastronomía. La jornada también contó con la participación activa del Instituto Gato Dumas, que aportó su equipo de sommeliers para acompañar y asistir en la cata y el servicio.
Una degustación de alto nivel con sello europeo
La jornada fue más que una simple feria: fue un acercamiento profundo al perfil fresco, mineral y de altísima precisión que distingue a los vinos austríacos, aún poco explorados por el consumidor argentino. Entre las bodegas participantes se destacaron Schloss Gobelsburg, Bründlmayer, Netzl, Aigner, Jurtschitsch, Lenz Moser, Groszer Wein y Winzer Krems, junto con Alpdrinks y Hundsdorfer, representantes de regiones como el Wachau, Kamptal, Burgenland y Niederösterreich.


También estuvieron presentes las bodegas Norton y Alpamanta, dos firmas argentinas con fuerte participación de capital austríaco, que aportaron una mirada local al encuentro, reforzando el puente enológico entre Europa Central y América del Sur.

Un público clave para el desembarco austríaco
El encuentro fue cerrado y con cupos limitados. Entre los asistentes se destacaron figuras del mundo del vino como la pionera Marina Beltrame, fundadora de la Escuela Argentina de Sommeliers (EAS) y referente indiscutida de la formación profesional en el país. También participaron el periodista Sebastián Ríos (La Nación), el crítico Fabricio Portelli, sommeliers de renombre, chefs de restaurantes de alta gama y representantes de cadenas de distribución de vinos. La cata, que contó con el apoyo de sommeliers del Instituto Gato Dumas, incluyó blancos como Grüner Veltliner, Riesling y Gelber Muskateller, junto con tintos de Zweigelt, Blaufränkisch y blends con marcada identidad europea.
Para muchos, fue la primera oportunidad real de catar en Argentina una gama amplia y representativa del vino austríaco, lo que generó entusiasmo genuino y consultas de importación.


¿Un nuevo jugador en la copa argentina?
Aunque Austria representa menos del 1% del mercado mundial del vino, su presencia se siente con fuerza en segmentos de nicho en Estados Unidos, Alemania y países nórdicos. La intención de esta feria fue clara: iniciar el camino hacia la instalación del vino austríaco en Argentina, tanto en paladares profesionales como en cartas de restaurantes boutique.


En un contexto de creciente apertura a nuevas expresiones del vino —más frescas, con menor alcohol y fuerte sentido de origen—, el estilo austríaco encuentra un terreno fértil para crecer. La elección de Bodega Gamboa como sede no fue casual: su ubicación cercana a Buenos Aires y su espíritu innovador la convierten en un punto estratégico para este tipo de acciones.

Conclusión
Este encuentro marca un primer paso en el desembarco de Austria como nueva referencia enológica para el mercado argentino. El vino europeo deja de ser solo Francia, Italia y España: Austria también quiere su lugar en las copas argentinas. Y lo está buscando, copa a copa, desde un viñedo bonaerense.



