Durante una entrevista realizada en el programa Saber Salir, que se emite por FM Milenium 106.7, Leandro Vainberg, representante de la histórica firma argentina Volf, repasó más de un siglo de tradición familiar y analizó cómo evolucionó el mundo de la cristalería, un universo que hoy atraviesa una transformación tan profunda como la del propio vino.
La historia de Volf comenzó en 1917, cuando Moisés Volf, bisabuelo de Leandro, inició la fabricación artesanal de cubiertos de plata maciza. En una época en la que las aleaciones modernas aún no existían, el trabajo manual y la calidad de los materiales eran los grandes diferenciales. Más de cien años después, la empresa continúa vinculada al arte de la mesa, aunque con una fuerte especialización en cristalería fina.
«Hoy comercializamos copas no solo en Argentina, sino también en Paraguay, Uruguay y Perú», explicó Vainberg durante la charla. El crecimiento de la compañía estuvo acompañado por una permanente adaptación a las nuevas tendencias del mercado gastronómico y hotelero, conocido internacionalmente como canal HORECA (Hoteles, Restaurantes y Catering).

La revolución de la copa universal
Uno de los temas centrales de la entrevista fue el lanzamiento de la nueva copa «Universal», desarrollada por Volf luego de más de un año de trabajo conjunto con sommeliers y profesionales de la gastronomía.
Durante décadas, el mundo del vino acostumbró a consumidores y especialistas a identificar copas específicas para cada variedad: Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir o Chardonnay. Sin embargo, las nuevas tendencias internacionales apuntan hacia modelos más versátiles.
«Ya dejamos de vender una copa con el título Cabernet o Malbec. Está demostrado que una buena copa puede funcionar perfectamente para distintos tipos de vinos», explicó Vainberg.
El desarrollo del modelo implicó un largo proceso de pruebas y ajustes. Sommeliers de referencia como Martín Bruno y profesionales con experiencia en restaurantes Michelin participaron aportando opiniones sobre formas, alturas, aperturas y capacidades.
El resultado fue una copa capaz de adaptarse a vinos tintos, blancos e incluso espumosos, simplificando la experiencia sin resignar calidad sensorial.

Cristal versus vidrio: una diferencia que se siente
Otro de los puntos abordados fue la diferencia entre cristal y vidrio, una consulta habitual entre consumidores.
Según explicó Vainberg, la clave está en la calidad de las materias primas y en los procesos de elaboración. Las copas de cristal ofrecen mayor transparencia, delicadeza y precisión visual, mientras que los vidrios templados privilegian la resistencia para usos intensivos en hoteles, eventos y gastronomía.
«La delicadeza del cristal es increíble. Hay copas que prácticamente se escapan de las manos por la finura de su terminación», señaló.
República Checa, una meca mundial de las copas
La nueva copa Universal de Volf se fabrica en República Checa, uno de los grandes centros históricos de producción de cristal en el mundo.
La región de Bohemia alberga cientos de fábricas especializadas y conserva técnicas artesanales que prácticamente no han cambiado en décadas. Muchas de las copas premium siguen siendo sopladas a mano, utilizando herramientas similares a las empleadas hace más de medio siglo.
«Tuve la oportunidad de ver maestros vidrieros trabajando y descartando piezas por imperfecciones mínimas que nosotros ni siquiera notaríamos», recordó Vainberg.

La copa flauta pierde protagonismo
La entrevista también permitió analizar otra tendencia que ya se observa en restaurantes y bares de todo el mundo: la progresiva desaparición de la clásica copa flauta para espumantes.
Según Vainberg, la gastronomía moderna privilegia copas con mayor amplitud que permitan apreciar mejor los aromas y la complejidad de los vinos espumosos.
«Hoy muchos restaurantes sirven champagne en copas similares a las utilizadas para Chardonnay. La flauta está quedando principalmente para eventos y banquetes», afirmó.
Más de un siglo de una empresa familiar
A lo largo de 108 años, Volf atravesó cuatro generaciones familiares manteniendo una presencia constante en el mercado argentino.
Desde la antigua fábrica de cubiertos hasta convertirse en una referencia de la cristalería para vinos, la empresa logró crecer acompañando la evolución del consumo gastronómico y las nuevas exigencias del sector.
Actualmente cuenta con un showroom en Belgrano y mantiene su histórica presencia en Parque Patricios, donde funcionó la fábrica familiar.
La historia de Volf demuestra que, incluso en un objeto aparentemente simple como una copa, conviven tradición, diseño, innovación y una enorme cantidad de conocimiento técnico. Porque detrás de cada brindis hay mucho más que cristal: hay más de un siglo de oficio, experiencia y pasión por la mesa.
Por Marcelo Chocarro



