Caminar por el Mercado de San Telmo es uno de las mejores propuestas que ofrece la ciudad de Buenos Aires; ese edificio proyectado a fines del siglo XIX por Juan Antonio Buschiazzo, está repleto de propuestas que dialogan bien con su historia, y que nada tiene que envidiar a La Boquería, el mítico mercado barcelonés. Una de ellas es De Lucía Tapas, local dedicado al tapeo ibérico y a la música flamenca, ubicado en los puestos 40 y 59.

El formato es simple: cocina abierta, producto fresco elegido en el propio mercado y una carta breve que recorre tapas, paellas, platos de mar y algunas opciones vegetarianas. Se come en la barra, se mira cocinar y se conversa. Por supuesto, no falta el bocata de calamar, un ícono de la península ibérica, ni los boquerones flanqueados por gravlax.
También hay sendos buñuelos de acelga con alioli, gambas al ajillo, tortilla (el as de oros de la cocina española), croquetas de jamón serrano, hijas de la cocina gala pero que tan bien se adaptaron a la culinaria ibérica, y un estupendo arroz negro con morcilla, feliz sincretismo levantino-vasco.

Los vinos son de Portillo, del grupo Salentein, una línea considerada entre los más destacados “best buy” del país.
Al frente del negocio está Pedro Diciervo, avezado guitarrista de flamenco, quién atiende personalmente y ocasionalmente desempolva la guitarra para alegría de los comensales. Su presencia se nota ya que hay un trato directo y una idea clara de lo que se quiere hacer.

En un mercado que hoy funciona como uno de los espacios gastronómicos más activos de Buenos Aires, De Lucía Tapas suma una propuesta coherente, distintiva (sí, es curioso que un país con tanta herencia peninsular no tenga cultura del tapeo), y bien integrada al entorno. En suma, un lugar para comer algo sencillo, bien ejecutado, y seguir camino.

Por Luis Lahitte



