Cada tercer sábado de mayo celebramos el Día Mundial del Whisky, una fecha pensada para rendir homenaje a una bebida milenaria que, más allá del vaso, cuenta historias de tierra, paciencia y transformación.
Como sommelier, el whisky representa para mí una experiencia sensorial profundamente ligada al tiempo y la tradición. Hoy en día también es un símbolo de cambio: de nuevas formas de consumo, de mayor inclusión y un público que ya no responde a estereotipos.

Glenmorangie: historia líquida de las Highlands
Uno de los nombres más emblemáticos del universo del whisky escocés es Glenmorangie. Fundada en 1843 en las Highlands de Escocia, a orillas del estuario de Dornoch, su origen se remonta al sueño de William Matheson, un agricultor que, junto a su esposa Anne, construyó una destilería artesanal que hoy es sinónimo de excelencia. Rodeada por colinas verdes y alimentada por el agua del manantial Tarlogie, Glenmorangie lleva en su nombre gaélico —“el valle de la tranquilidad”— el espíritu de su tierra.
Hoy, la marca es parte del grupo de lujo LVMH – Louis Vuitton Moët Hennessy, y sigue siendo un referente indiscutido en la categoría. Un single malt no es solo un whisky: es una expresión pura de identidad. Está elaborado con 100% cebada malteada, destilado en alambiques de cobre, y proviene de una sola destilería —de ahí el “single”. A diferencia de los blends, que combinan whisky de malta con whisky de granos (algunos sin maltear), el single malt conserva la firma inconfundible del lugar y las manos que lo crearon.

Una de sus expresiones más premium disponible en Argentina es Glenmorangie Signet, que combina barricas de más de cuatro décadas con malta tostada estilo ‘chocolate malt’, creada por el maestro destilador Bill Lumsden. Es, sin duda, uno de los whiskies más innovadores y complejos del mercado.
Además, Glenmorangie ofrece una familia de expresiones que reflejan su elegancia, complejidad y versatilidad, disponibles también en el mercado argentino. El clásico The Original es un single malt de 10 años, muy frutado y expresivo, ideal para iniciarse en el universo Glenmorangie. Lasanta 12 años es una expresión madurada en barricas de jerez, que le aportan notas cálidas de frutos secos y fruta madura. Quinta Ruban 14 años, finalizado en barricas de vino de oporto, es más intenso y aterciopelado, con notas de chocolate amargo y frutas rojas. Nectar 16 años, envejecido en barricas de vino Sauternes y Tokaji, se destaca por su perfil goloso y afrutado, con notas de miel, limón y especias. Para los más exigentes, Glenmorangie 18 “The Infinita” y el multipremiado Signet ofrecen mayor profundidad y complejidad, con un equilibrio refinado entre roble, frutas maduras y un final largo y sedoso.

El whisky como experiencia
Para mí, el whisky es una bebida que representa el paso del tiempo, la meticulosidad y la tradición de las islas del Reino Unido. Cada sorbo es la historia de años de reposo en barricas, de personas que cuidaron cada etapa del proceso. En Escocia o Irlanda, el whisky debe envejecer al menos tres años en roble para ser llamado como tal. Pero muchos de ellos esperan mucho más.
Me gusta pensar en el whisky como una oportunidad para descifrar aromas. Sería un desperdicio beberlo de un solo trago, sin reconocer sus matices. Lo prefiero solo, con unas gotas de agua, a temperatura ambiente. Sin embargo, también es una estrella en la coctelería: un Old Fashioned bien hecho, u otros clásicos como el Manhattan, el Penicillin o los Whisky Highballs pueden acercar este mundo a nuevos consumidores.
Iniciarse en el whisky
Reconozco que no es una bebida fácil, con mínimo 40 grados de alcohol, puede resultar intensa para paladares poco entrenados. Por eso, para iniciarse recomiendo:
- Comenzar con cocktails, que suavizan el impacto del alcohol sin perder el carácter del whisky.
Si se prueba solo, evitar estilos muy ahumados al principio, ya que sus notas fenólicas pueden ser abrumadoras. - Mojarse los labios primero, dar pequeños sorbos, permitir que el paladar se adapte.
- En catas, agregar agua ayuda a abrir los aromas y bajar la graduación.
- Y siempre, hidratarse con agua entre sorbos.
Lo más importante es explorar sin prejuicios y elegir aquello que realmente nos gusta, sin forzar el paladar.

Un destilado cada vez más diverso
En Argentina, el consumo de whisky tuvo más difusión en los últimos años. Al menos hubo un crecimiento en cuanto a una mayor diversidad de consumidores. Si antes era visto como una bebida masculina, eso ya cambió. Según un estudio de Kantar en 2023, el 22% de los consumidores de whisky en Argentina son mujeres, pero lo cierto es que a nivel mundial cada vez hay más presencia femenina en la producción, comercialización y educación del whisky.
Este cambio podría ser leído como una reivindicación histórica ya que las mujeres siempre formaron parte de la industria, aunque muchas veces invisibilizadas. El “asombro” porque las mujeres beben whisky fue algo llamativo hace unos años pero creo que ya quedó atrás, el whisky es una bebida para compartir, descubrir y disfrutar, no importa quién lo haga.

Gracias a la coctelería, a las experiencias de cata y a la apertura de la industria, el whisky también fue captando la atención de públicos más jóvenes que antes. Aunque el precio puede ser una barrera en algunos casos, existen espacios para degustaciones, eventos educativos y versátiles, lo que permite que nuevas generaciones se acerquen al whisky de forma más natural.



