En el marco de una presentación íntima en Bodega Trapiche, Marcelo Belmonte llevó adelante una cata que recorrió Argentina a través de nueve expresiones bien distintas de Malbec, frente a un grupo reducido de periodistas. Se trató de una verdadera demostración de cómo el varietal se redefine entre extremos geográficos, altura y precisión enológica.

Fue un verdadero viaje sensorial que permitió recorrer, copa en mano, Patagonia, los Valles Calchaquíes, Pedernal, Calingasta, Luján de Cuyo y el Valle de Uco. Con más de 3.000 hectáreas productivas y presencia en seis provincias, el Grupo Peñaflor se posiciona como uno de los principales —si no el mayor— productor de Malbec del mundo.

El punto de partida fue hacia el sur, con Marantiqua, desde San Patricio del Chañar (Neuquén), seguido por Demencial de Finca Las Moras, proveniente de Calingasta, San Juan. Dos vinos que marcaron desde el inicio la diversidad de climas y estilos.

El viaje continuó “de Añelo al norte”, profundizando en perfiles más complejos con Blends de Extremos y Old Vines 1946 de Bodega El Esteco, donde la altura y la historia del viñedo comenzaron a jugar un rol central. Allí también se percibe una evolución clara: vinos salteños que han ganado elegancia sin perder identidad.
Luego llegó uno de los momentos más destacados del mediodía: Partida Limitada de El Esteco y Sagrado, nuevamente de Finca Las Moras, uno de los vinos que más sorprendió por su elegancia y expresión. Las regiones de donde provienen —marcadas por la altura— ofrecen gran amplitud térmica, intensa radiación solar y clima seco, condiciones que permiten una maduración más pausada, conservando acidez y dando como resultado vinos frescos, sutiles y de gran intensidad.

El tramo final elevó aún más la vara con etiquetas que hablan directamente de origen: Terroir Series, Finca Coletto (El Peral) y Terroir Series, Finca Ambrosia (Gualtallary), probablemente la subregión más mencionada en la actualidad, convertida en epicentro de algunos de los vinos más icónicos y longevos de la Argentina.

El cierre estuvo a la altura: Iscay, el emblemático blend de Bodega Trapiche, combinó concentración y frescura; su paso por barricas de roble francés aportó complejidad aromática, taninos finos y un final persistente.
La gran riqueza del Malbec argentino no está en su uniformidad, sino en su diversidad.
Por Marcelo Chocarro



