Durante la celebración organizada por el Coprovi, las imágenes del reconocido hacedor de vinos de Colalao del Valle y la canción “Oración del remanso” acompañaron un reconocimiento cargado de emoción. Su historia familiar y su trabajo dejaron una huella en la vitivinicultura de los Valles Calchaquíes.
La música, los recuerdos y los aplausos fueron protagonistas de uno de los momentos más emotivos de la última edición de la fiesta organizada por el Consejo de Profesionales Vitivinícolas del NOA (Coprovi). En el Centro de Convenciones de Cafayate, un homenaje a Rolando “Rolo” Díaz reunió a referentes de la industria vitivinícola para recordar al productor y hacedor de vinos de Colalao del Valle, fallecido el 13 de octubre.
Mientras transcurría la degustación de los vinos preparados para el encuentro, la pantalla gigante comenzó a proyectar imágenes de su vida. De fondo sonó “Oración del remanso”, la canción de Jorge Fandermole, y el clima de celebración dio paso a un momento de silencio, emoción y reconocimiento.
Entre abrazos y aplausos, los asistentes acompañaron a la familia de Díaz. Sus hermanos, Cristina y Edgar, recibieron una botella de vino de grandes dimensiones con una dedicatoria de los integrantes del Coprovi: “Que en cada copa perdure tu espíritu y en cada brindis tu recuerdo”.
El reconocimiento de una comunidad que lo quería
La emoción también estuvo presente en las palabras de Cristina Díaz, quien agradeció el acompañamiento que su familia recibió del sector vitivinícola durante la enfermedad de su hermano.
Además del agradecimiento, Cristina expresó su intención de continuar con el camino que habían construido juntos. Su objetivo es preservar ese legado familiar y mantener vivo el proyecto que compartieron durante tantos años.
El reconocimiento también tuvo palabras de Heffner, quien destacó el impacto de su partida tanto en el ámbito profesional como en el grupo humano que integraba el Coprovi. Recordó los encuentros compartidos, los asados y las partidas de truco, y señaló cuánto se extrañará su presencia.
Una historia familiar que comenzó entre viñedos y damajuanas
El recorrido de Rolo Díaz en la vitivinicultura tiene sus raíces en una tradición familiar. Todo comenzó con un pequeño viñedo en Colalao del Valle, donde su padre, Javier Díaz, elaboraba vino patero y lo comercializaba en damajuanas.
Años más tarde, en 2003, sus hijos decidieron recuperar aquella actividad. La iniciativa surgió de Cristina, quien impulsó junto a Rolo la creación de un emprendimiento orientado a elaborar vinos de calidad que expresaran las características del terroir de altura de La Ciénaga.

Para concretarlo, recuperaron las antiguas instalaciones familiares y pusieron en marcha Altos La Ciénaga. El proyecto se desarrolló durante las dos décadas siguientes, con una apuesta por la identidad del lugar, el trabajo técnico y la elaboración de vinos capaces de mostrar el potencial de esa región tucumana.
El legado de un pionero de los Valles Calchaquíes
La trayectoria de Rolo Díaz estuvo ligada al crecimiento de la vitivinicultura de altura en Colalao del Valle. Su trabajo junto a su familia contribuyó a demostrar las posibilidades de una zona que todavía estaba desarrollando su identidad dentro del mapa vitivinícola argentino.
Su mirada combinaba el conocimiento técnico con el respeto por el entorno y las particularidades del paisaje. No se trataba solamente de producir vino, sino de encontrar en las condiciones de altura una identidad propia para sus etiquetas.
La despedida que le brindó el Coprovi dejó en evidencia el lugar que ocupaba en la comunidad. La música de Fandermole, las imágenes proyectadas y el mensaje dedicado a su familia fueron parte de un reconocimiento que trascendió su trabajo como hacedor de vinos.
En cada recuerdo compartido durante aquella noche en Cafayate quedó presente una parte de la historia que Rolo ayudó a construir en los Valles Calchaquíes.
Por el equipo de Saber Salir

