Este fin de semana, la plaza que rodea al Planetario Galileo Galilei se convirtió, por primera vez, en escenario de una gran celebración de la gastronomía francesa. Stands, chefs, pastelería, quesos, platos tradicionales, clases magistrales y música en vivo formaron parte de una propuesta con entrada libre y gratuita.

Buenos Aires vivió una nueva edición de la Feria Francesa con una novedad especial: el encuentro gastronómico se realizó por primera vez en la Plaza Benjamín Gould, alrededor del Planetario Galileo Galilei, en Palermo.
El sábado 22 y el domingo 23 de agosto, el espacio se transformó en un recorrido por los sabores y las tradiciones de Francia. Organizada por Lucullus, Asociación Gastronómica Francesa en Argentina, la feria reunió a decenas de expositores vinculados con la boulangerie, la pâtisserie, la chocolatería, los quesos y la cocina francesa.
Con acceso libre y gratuito, el evento invitó a descubrir desde clásicos como baguettes, croissants y pain au chocolat hasta preparaciones más elaboradas como boeuf bourguignon, soupe à l’oignon, raclette, quiches, crêpes, croque-monsieur, macarons y una amplia variedad de postres y chocolates.


Un viaje a Francia sin salir de Palermo
La elección del Planetario como nueva sede le dio a esta edición un marco diferente. El emblemático espacio porteño fue el punto de encuentro para una celebración que combinó gastronomía, cultura y entretenimiento al aire libre.
Entre los participantes hubo panaderías, pastelerías, chocolaterías, restaurantes y productores especializados en cocina francesa. El público pudo encontrar opciones dulces y saladas, desde viennoiseries y café hasta quesos, charcutería y platos tradicionales.

Uno de los principales atractivos fue la diversidad de sabores. La oferta incluyó raclette, sándwiches con queso fundido, salchichas alsacianas, tartines, empanadas de bourguignon, ratatouille, pommes dauphine y distintas interpretaciones de recetas francesas adaptadas al formato de feria.
La propuesta dulce también ocupó un lugar central. Croissants, canelés, éclairs, madeleines, financiers, tartas, macarons, pain au chocolat y otras especialidades permitieron acercarse a algunas de las preparaciones más reconocidas de la tradición francesa.


Un Saint-Honoré gigante como gran protagonista
Entre las novedades de esta edición estuvo el armado en vivo de un Saint-Honoré gigante de dos metros, una creación colectiva realizada por chefs pasteleros de Lucullus.
La iniciativa permitió mostrar de cerca el trabajo, la técnica y el detalle que requiere una de las grandes especialidades de la pâtisserie francesa. La elaboración se convirtió así en una experiencia para observar el proceso y conocer el detrás de escena de la pastelería profesional.
Clases magistrales y música en vivo
La Feria Francesa también ofreció actividades vinculadas con la cultura del país, más allá de la propuesta gastronómica.
El sábado, Morgan Chauvel brindó una clase magistral dedicada a la preparación de crêpes saladas y dulces. El domingo, Yanis Buchot estuvo al frente de una masterclass sobre sopa de cebolla gratinada, uno de los platos más emblemáticos de la cocina francesa.
La música acompañó la experiencia con la presentación del grupo París Paraná, que participó en ambas jornadas y sumó un componente artístico y cultural a una celebración pensada para disfrutar en familia, con amigos o en pareja.

Sabores tradicionales y opciones para todos
La feria reunió una amplia variedad de alternativas, entre ellas opciones vegetarianas, veganas y preparaciones sin TACC. De esta manera, buscó ampliar el acceso a la gastronomía francesa y mostrar que, detrás de sus especialidades más conocidas, existe una cocina diversa y con múltiples estilos.
Desde una copa, un café y un croissant hasta un plato caliente, un queso artesanal o un postre elaborado, el evento invitó a descubrir Francia a través de sus sabores.
La llegada de la Feria Francesa al Planetario marcó una edición especial de uno de los encuentros gastronómicos temáticos de la Ciudad. A lo largo de dos jornadas, Palermo se llenó de aromas a manteca, pan recién horneado, queso fundido, chocolate y pastelería, en una celebración que volvió a demostrar que la gastronomía también puede ser una forma de viajar.
Por el equipo de Saber Salir

