El domingo pasado Bodega Gamboa vivió una nueva jornada de vendimia junto a su comunidad de socios: personas que poseen una parcela de viñedo dentro del proyecto y que tienen la posibilidad de elaborar su propio vino, con etiqueta y marca personal.

Más de 100 personas, entre socios e invitados, participaron de la actividad que comenzó con una charla técnica en el viñedo y continuó con la cosecha de los racimos. Tijera en mano, los participantes recorrieron las hileras de vides y vivieron de cerca uno de los momentos más importantes del ciclo del vino.


La jornada culminó con un ágape al borde del viñedo, donde se compartieron empanadas y chipás de morcilla —especialidad de la casa— junto con los vinos de la bodega.
En las copas pasaron distintos estilos: espumosos, un clarete, un moscatel seco —uno de los pocos que se elaboran en el país— y el Malbec de la casa, de perfil liviano y fresco, con delicadas notas herbales. También el Pinot Noir clon 115, cuya cosecha 2022 obtuvo 94 puntos del crítico británico Tim Atkin, y un Cabernet de buena concentración y alcohol moderado, ideal para un mediodía soleado.


Pero más allá del vino, hubo algo que volvió a quedar claro durante la jornada: el valor del ambiente.
Siempre recuerdo una frase de Emilio Garip, histórico propietario del restaurante Oviedo. Una vez me dijo:
«Marcelo, hay que lograr el ambiente: en el restaurante, en el trabajo y en la vida.»


Ese espíritu fue el que se respiró durante toda la vendimia. Charlas, risas, encuentros y nuevas personas que llegan y enriquecen la comunidad Gamboa.
Porque el vino —quizás como pocas cosas— tiene esa capacidad de generar emociones, crear momentos memorables y reunir a las personas alrededor de algo simple y profundo a la vez.
Ahora solo queda levantar la copa y esperar una cosecha 2027 aún mejor.
Por el equipo de Saber Salir
