La historia de Mendoza está marcada por mujeres visionarias que rompieron barreras y triunfaron en un mundo dominado por hombres. Hoy rendimos homenaje a Melchora Lemos, una verdadera pionera del sector vitivinícola, enfrentándose al machismo y dejando un legado imborrable.
La primera gran empresaria del vino
Nacida en enero de 1691 en Mendoza, Melchora Lemos fue la primera mujer empresaria y bodeguera de la región. Su familia perteneció a la elite cuyana, su padre Juan José Lemos, era un poderoso militar y funcionario real, además de un destacado productor vitivinícola.

Melchora heredó una importante bodega y diversos bienes, lo que la convirtió en una de las mujeres más ricas de Cuyo. La adquisición fue importante si se tiene en cuenta que en esa época solo existían en Mendoza 10 bodegas.
Pero no se conformó con administrar su herencia: expandió su negocio con innovaciones en la producción de vino y diversificó su actividad con la construcción de un molino harinero y una pulpería, convirtiéndose en la primera mujer propietaria de este tipo de negocio en Mendoza.

De este modo, logró uno de los primeros ejemplos de empresa integral en la región: compró viñedos, tenía su propia bodega donde elaboraba el vino, fue también la primera bodeguera en utilizar vasijas de madera, y no delegó la comercialización de sus vinos, sino que lo hizo a través de su pulpería y de envíos a los grandes centros de consumo, como la gran Buenos Aires.
A pesar de su éxito, enfrentó el desprecio de la sociedad de la época e incluso un juicio impulsado por su propio hermano, el cual ganó tras años de lucha. Su visión empresarial la llevó a convertirse en una de las bodegueras más influyentes de América.

“El complejo agroindustrial y vitivinícola de doña Melchora era el mejor integrado de la época. Era la única empresaria que tenía el circuito completo de viña, bodega, fábrica de botijas y pulpería”. ( Revista de Indias Vol. lXVI núm 237– Pablo Lacoste)
Todo ello se produjo en el contexto de una intensa vida religiosa como terciaria de la orden de Santo Domingo.
“El modelo de ser mujer que establecía el patriarcado no las preparaba para ciertas actividades, su poca preparación y el control social le dificultaba el desarrollo de prácticas económicas, como por ejemplo la administración de las haciendas y estancias heredadas” ( Pablo Lacoste)



