La enóloga de Contracorriente pasó por Saber Salir y contó cómo llegó a uno de los terruños más extremos de la Patagonia, despues de elaborar vinos en Borgoña, Oregon, Nueva Zelanda y Chile. Una historia marcada por la búsqueda de grandes blancos y Pinot Noir, el desafío del clima y una filosofía clara: hacer vinos honestos
que expresen el lugar.
Sofía Elena nació en Bahía Blanca, se crió en Boulogne y tiene raíces familiares mendocinas. Sin embargo, su recorrido como enóloga estuvo lejos de seguir un camino convencional. Estudió en Mendoza, pero prácticamente toda su experiencia profesional se desarrolló fuera de la Argentina, recorriendo distintas regiones vitivinícolas del mundo antes de encontrar en Trevelin, Chubut, el lugar donde quería hacer vino.
“Siempre me gustó el vino”, contó durante su paso por Saber Salir. Su decisión de estudiar enología llegó a comienzos de los años 2000, en un momento de gran transformación para la vitivinicultura argentina. Le interesaba especialmente esa combinación entre ciencia, cultura y territorio que encontraba detrás de una botella.
Muy pronto comenzó a viajar y a encadenar vendimias en los dos hemisferios. Trabajó en tres bodegas de Borgoña, en Oregon, en la Isla Sur de Nueva Zelanda y en tres bodegas de Chile. El hilo conductor de ese recorrido fueron dos obsesiones: los grandes vinos blancos y el Pinot Noir.
“Yo primero empecé como persiguiendo zonas de Pinot, pero después me enamoraron los blancos”, recordó. En aquellos años sentía que en la Argentina todavía había poco desarrollo de esos estilos y se preguntaba qué había detrás de los grandes blancos que probaba en el exterior. Una de las respuestas que encontró fue aparentemente sencilla: para lograr grandes blancos, primero hay que elegir un lugar fresco.

Trevelin, el lugar elegido
Ese lugar apareció en la Patagonia.
Sofía estaba convencida de que la región tenía condiciones extraordinarias para elaborar blancos y Pinot Noir. Cuando supo que en Trevelin había un nuevo viñedo, tomó la iniciativa: llamó a sus propietarios y viajó para conocerlo.
Contracorriente había comenzado alrededor de 2014/2015, cuando sus propietarios, Rance y Travis, provenientes de Montana, Estados Unidos, realizaron las primeras plantaciones. Sofía llegó después de que ellos hubieran hecho una primera vendimia y tuvo algo fundamental para decidirse: pudo probar el vino que daba ese lugar.
“Eso también me hizo quedarme, poder ver el potencial”, explicó.
La escala del proyecto sigue siendo pequeña. Contracorriente produce en promedio alrededor de 10.000 botellas por año, aunque en Trevelin esa cifra nunca puede darse por garantizada. Heladas, viento y diferentes contingencias climáticas hacen que cada cosecha sea un desafío.

“No tenemos nunca ningún año producción asegurada”, resumió Elena.
“Estamos haciendo vinos honestos”
Quizás una de las definiciones más interesantes de la entrevista surgió cuando Sofía explicó qué busca transmitir a través de sus vinos.
“Para mí, estamos haciendo vinos honestos. O sea, acá no estamos haciendo magia”, aseguró.
La frase resume buena parte de la filosofía de Contracorriente. Hay un enorme trabajo detrás, tanto en el viñedo como en la bodega, pero el objetivo no es disfrazar el origen sino exactamente lo contrario: mostrar qué puede dar Trevelin.
Elena destaca dos condiciones naturales decisivas del lugar. Por un lado, la acidez natural, fundamental para los blancos y el Pinot Noir. Por otro, una maduración suficiente para conseguir textura, profundidad y persistencia en boca.
“Todo eso es natural, es del lugar y eso es lo que tratamos de reflejar básicamente”, señaló.
Durante la entrevista, esa filosofía se materializó en uno de sus Chardonnay. Marcelo Solá destacó su presencia en boca, su expresión aromática y especialmente “una acidez maravillosa, muy refrescante”.

El frío no depende solamente de la latitud
Trevelin está aproximadamente sobre el paralelo 43, pero para Sofía Elena hablar de viticultura extrema solamente en términos de latitud puede conducir a conclusiones equivocadas.
“No es que porque sea más sur va a ser más frío. Tiene que ver con el paisaje”, explicó.
Montañas, lagos, cercanía al mar, altura y ubicación geográfica pueden modificar profundamente las temperaturas. Por eso incluso existen lugares ubicados más al sur de Trevelin que pueden registrar condiciones más cálidas.
Elena puso como ejemplo a Otronia: está más al sur, pero se encuentra en la meseta, donde las condiciones térmicas son diferentes. También explicó que para decidir si una región es viable para plantar vid es necesario analizar sus índices bioclimáticos y las temperaturas promedio durante la temporada de crecimiento.
Esa mirada técnica convive con otra mucho más emocional. Sofía reconoce que siempre se sintió atraída por los paisajes de montaña. Los encontró en distintas etapas de su carrera y finalmente también en Trevelin.

Una bodega en medio de las montañas
Contracorriente está ubicada prácticamente dentro del pueblo de Trevelin, junto al Río Percy. Quienes llegan a la bodega pueden recorrer el proyecto, conocer el trabajo realizado en el viñedo y luego degustar los vinos en una terraza con vista al Cordón Situación.

“Trevelin está rodeado de montañas”, sintetizó Sofía.
Después de trabajar en algunas de las regiones más reconocidas del mundo para el Pinot Noir y los blancos, eligió quedarse allí.
Y quizás ese sea el dato que mejor explica a Contracorriente: una enóloga que salió de la Argentina buscando entender cómo se hacían los grandes blancos y Pinot Noir del mundo y que, después de años de vendimias y viajes, encontró en un pequeño viñedo de Trevelin el lugar donde intentar hacerlos a su manera.
Sin fórmulas mágicas. Con mucho trabajo, acidez natural, montaña y una premisa que atraviesa todo el proyecto: que el vino cuente, de la manera más honesta posible, de dónde viene.
Por Marcelo Chocarro

