Venezuela, tras años de crisis política y económica, parece comenzar a ver motivos para brindar. En el contexto de una transición marcada por la detención del expresidente Nicolás Maduro en Estados Unidos y el congelamiento de activos vinculados a él y a su entorno por parte de Suiza, el país empieza a dibujar un nuevo horizonte económico y simbólico.
Las autoridades helvéticas ordenaron la inmovilización de bienes pertenecientes a Maduro y a más de treinta asociados, con el objetivo de impedir la salida de fondos presuntamente obtenidos de manera ilícita y de posibilitar que, si se comprueba su origen irregular, esos recursos puedan destinarse al beneficio del pueblo venezolano.
A esto se suma que datos de aduanas suizas revelaron que entre 2013 y 2016 Venezuela exportó 113 toneladas de oro, por un valor cercano a 5.200 millones de dólares, bajo el régimen de Maduro. Una operatoria controvertida que alimentó investigaciones sobre el manejo de reservas y el flujo de recursos durante esos años.
Este escenario de acusaciones de corrupción, narcotráfico y lavado de dinero no se limita únicamente al exmandatario. La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York ha extendido investigaciones a figuras centrales del poder como Diosdado Cabello, así como a Nicolás Maduro Guerra, conocido como “Nicolasito”, por presuntas redes de corrupción y actividades ilícitas.
En medio de este complejo panorama, también surge una razón para brindar desde otro ángulo: el vino venezolano. No fue siempre visible, pero hoy una bodega ha logrado imponerse tanto a las adversidades climáticas como al histórico predominio del ron y las bebidas importadas. Bodegas Pomar, en el corazón del estado Lara, ha demostrado que producir vino con uvas propias y alcanzar reconocimiento internacional es posible, consolidándose como un símbolo de identidad vitivinícola emergente.
Un pionero en tierra tropical
Si bien millones de venezolanos viven hoy fuera de su país y muchos sueñan con volver —incluso con proyectos ligados al vino—, el consumo local aún es bajo. Esto contrasta con una cultura históricamente marcada por un alto consumo de whisky y ron, bebidas profundamente arraigadas en la vida social venezolana.
La viticultura en Venezuela es relativamente joven si se la compara con la de países como Argentina o Chile. Sin embargo, desde mediados de los años 80 comenzaron a desarrollarse proyectos experimentales para adaptar el cultivo de la vid a las condiciones del clima tropical.
Entre ellos, se destaca Bodegas Pomar, fundada en 1985 en Carora, estado Lara. Vinculada al grupo Empresas Polar, fue una de las primeras bodegas en cultivar uvas y producir vinos con materia prima local, marcando un antes y un después en la historia vitivinícola del país.
Carora: el terroir venezolano
Las instalaciones de Pomar se ubican en Altagracia, en el estado de Lara, donde los viñedos han logrado adaptarse a condiciones semiáridas, con lluvias escasas y suelos singulares. Allí se cultivan uvas nobles que dan origen a una gama diversa de vinos, desde tintos y blancos hasta espumosos.
En el catálogo de Pomar se destacan:
- Pomar Tinto y Pomar Blanco
- Varietales como Tempranillo, Sauvignon Blanc y Petit Verdot
- Espumosos como Pomar Brut y Pomar Brut Rosé, pensados para celebraciones y grandes brindis


Brindis con reconocimiento internacional
Aunque los vinos venezolanos han tenido históricamente baja visibilidad en el mercado global, Bodegas Pomar ha logrado romper barreras. Su Pomar Brut Rosé obtuvo medalla de oro en el Mondial des Effervescents, en Francia, uno de los concursos más prestigiosos dedicados a vinos espumosos a nivel mundial.
Este reconocimiento contribuye a posicionar al vino venezolano en la escena internacional y demuestra que, incluso en climas poco convencionales para la viticultura tradicional, es posible elaborar vinos de calidad.
Más allá de la copa
Además de la producción enológica, Pomar ha desarrollado iniciativas de turismo vitivinícola, acercando a locales y visitantes al proceso de elaboración del vino. Recorridos por viñedos, degustaciones guiadas y actividades durante la vendimia permiten sumar valor cultural y experiencial, reforzando el vínculo entre vino, territorio e identidad.
Retos y horizonte del vino venezolano
A pesar de estos avances, el consumo de vino en Venezuela sigue siendo reducido y ampliamente dominado por importaciones, principalmente desde Chile, Francia, España e Italia.
Las condiciones climáticas tropicales obligan a aplicar técnicas específicas de viticultura y manejo enológico, lo que supone desafíos constantes. Pero justamente allí radica el aporte de Pomar: demostrar que es posible producir vino de calidad fuera de las regiones clásicas.
Hoy, en un país atravesado por investigaciones judiciales de corrupción a gran escala y por una profunda reconfiguración política y social, Bodegas Pomar sigue siendo el estandarte del vino venezolano. Su trayectoria —respaldada por premios internacionales y una propuesta diversa— invita a descubrir y celebrar un vino hecho en Venezuela, tanto en los brindis del presente como en los desafíos del futuro.

¡Que viva Venezuela!
Por el equipo de Saber Salir



