Ubicada a solo 500 metros de la Ruta 74 (km 24), en General Madariaga, este nuevo espacio es el resultado de tres años de trabajo, visión y pasión. Desde hoy, la región suma un destino absolutamente único: un lugar pensado para reunirse, celebrar, descubrir y vivir el vino de una manera diferente.
La inauguración fue, sencillamente, deslumbrante. Una noche mágica donde todo pareció alinearse: el atardecer dorando los viñedos, la cava subterránea iluminada como un verdadero santuario del vino, aromas envolventes de la alta gastronomía, copas que no dejaban de alzarse y música en vivo que fue creciendo en intensidad hasta convertir la bodega en una fiesta inolvidable. Nadie se quedó al margen: risas, abrazos, brindis interminables y baile hasta la madrugada, en un clima de celebración pocas veces visto en la región.

El eje del evento fueron los vinos de influencia oceánica, protagonistas de una experiencia inédita en la costa bonaerense. El sector internacional —bajo la curaduría del reconocido sommelier Marcelo Solá— sorprendió a propios y extraños con etiquetas provenientes de Sudáfrica, Estados Unidos, Chile, Australia, Nueva Zelanda, Uruguay y Argentina, reflejando con claridad el espíritu global, costero y contemporáneo del proyecto.

El público respondió con entusiasmo absoluto: una energía vibrante, curiosa y apasionada —divinamente loca con la propuesta— que transformó la noche en una celebración sensorial total, donde cada copa evocaba historias de mar, viento, salinidad y territorio.
Como símbolo del crecimiento y reconocimiento de esta nueva región vitivinícola, la inauguración también dialoga con el reciente premio obtenido por el libro Vino Buenos Aires, de Luis Vivona, una obra que documenta el surgimiento, la identidad y el potencial de los viñedos bonaerenses. Un respaldo cultural que confirma que el vino de la provincia ya dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad.

Sin dudas, este acontecimiento marca un antes y un después para Gral. Madariaga y para toda la costa bonaerense, posicionando a la región como un nuevo polo del enoturismo argentino y como uno de los proyectos más innovadores del país. Y esto recién empieza: se viene mucho más para seguir creciendo.
Entre los vinos destacados, el Saint Clair Sauvignon Blanc (Marlborough, Nueva Zelanda) fue el gran elegido de la noche, conquistando a los asistentes con su frescura punzante, intensidad aromática y perfil vibrante de marcada influencia oceánica.

Por Argentina, hubo una fuerte presencia bonaerense con Castel Conegliano, Trapiche Costa & Pampa, Bodega Saldungaray, Sante Vins y Bodega Gamboa (Campana), junto al multipremiado aceite de oliva proveniente de un olivar de 100 hectáreas a pocos kilómetros del mar. Desde Río Negro, se sumó Bodega Wapisa, pionera en criar vinos bajo el océano en el golfo San Matías, y Videla Dorna, una bodega emplazada en una isla en el Valle Medio del río Negro que aportó su Riesling proveniente de un antiguo parral implantado en 1958 (Finca La Isabel, Pomona).


Una apertura a la altura de un proyecto que nació para transformar el mapa vitivinícola del país: con la Provincia de Buenos Aires emerge un nuevo concepto del vino argentino, donde el océano, el territorio y la experiencia se convierten en protagonistas de una nueva identidad.
Por Marcelo Chocarro



