En los últimos años, el mapa vitivinícola argentino se expandió hacia territorios impensados. Desde los viñedos de altura extrema en Jujuy, hasta los proyectos oceánicos en Buenos Aires y las zonas frías del sur patagónico, el país está reescribiendo su geografía del vino.
Pero detrás de estos avances no hay solo terroir ni tecnología: hay algo más poderoso y menos visible, un espíritu de cooperación que une a productores, técnicos y soñadores en torno a un objetivo común.
“Para lograr un impacto máximo, los productores deben actuar juntos en lugar de individualmente”,
sostiene la periodista y Master of Wine Jancis Robinson (Financial Times, 2024).
Luján de Cuyo: la fuerza de la primera denominación
Esta semana, en un almuerzo de la Denominación de Origen Controlada (DOC) Luján de Cuyo, volvió a sentirse ese pulso colectivo.
Entre copas de grandes vinos y reencuentros, el enólogo Pablo Cúneo, de Luigi Bosca, recordó:
“De esta región salió el Malbec que conquistó el mundo.”
Creada en 1989, la DOC fue la primera de América Latina y marcó un antes y un después en la institucionalización del vino argentino. Reúne a bodegas de perfiles diversos —desde históricas casas familiares hasta proyectos boutique— bajo un mismo sello de calidad y trazabilidad.
Su fortaleza reside en la acción conjunta: parámetros compartidos, controles técnicos y promoción colectiva. En lugar de competir, los productores se sientan a debatir estándares, intercambiar datos de cosecha y organizar degustaciones comunes ante críticos internacionales.
Así, Luján de Cuyo se consolidó como sinónimo global del Malbec argentino.
Entre sus miembros figuran Lagarde, Luigi Bosca, Nieto Senetiner, Norton, Bressia, Mendel, Terrazas de Los Andes, Vistalba, Trivento, Lamadrid, Casarena, Doña Paula, Matervini, Durigutti y Clos de Chacras, entre otros.
Jujuy: la altura y el espíritu andino
En el extremo norte, la Asociación de Bodegas de Jujuy (fundada en 2017) demuestra que incluso en condiciones extremas —más de 2.500 metros sobre el nivel del mar y logísticas desafiantes— el trabajo en conjunto puede transformar una región.
Inspirados en ejemplos como Swartland (Sudáfrica), los productores jujeños comprendieron que “sería prácticamente imposible triunfar si actuaban solos”, como también señala Robinson.
Hoy comparten asesoramiento técnico, estrategias de comunicación y una marca colectiva que resalta la identidad andina y los micro-terroirs de la Quebrada de Humahuaca.
Gracias a esa unión, lograron visibilidad nacional e internacional y colocaron a la Quebrada como una de las regiones más prometedoras del país.
Entre sus protagonistas: Antropo Wines; Bodega Kindgard; El Bayeh; Bodega Fernando Dupont; Huichaira Vineyards; Viñas del Perchel; Bodega Yacoraite; Viñas de Uquía; Bodega Yanay; Bodega Amanecer Andino; Cielo Arriba, Don Milagro Cruz,entre otras.


Buenos Aires: la identidad de un vino con influencia oceánica
En la provincia de Buenos Aires, el fenómeno cooperativo se traduce en un movimiento que crece año a año: el Encuentro de Productores Vitivinícolas Bonaerenses, que celebró su octava edición en Malvinas Argentinas.
El impulsor, el senador Luis Omar Vivona, lo define así:
“El objetivo es fortalecer vínculos, intercambiar experiencias técnicas y consolidar una identidad común para los vinos bonaerenses, marcados por la influencia oceánica y la diversidad de microclimas.”
En cada edición, y como principal impulsor del Encuentro, el senador Luis Omar Vivona suma nuevos aportes para visibilizar la actividad: presentaciones, libros y hasta documentales —como el estrenado este año en Telefe— que ponen en valor la historia, el trabajo y la pasión de los bodegueros bonaerenses.
De la costa atlántica a la cuenca del río Paraná, los proyectos entienden que el crecimiento individual solo es posible dentro de una narrativa compartida.
Participan bodegas como Al Este, Saldungaray, Gamboa, Costa & Pampa, Cooperativa Vino de la Costa de Berisso, Puerta del Abra, Cordón Blanco, La Blanqueada, Media Hectárea, Finca Las Antípodas, Cercano Sur; Gamboa & Costa Atlántica y Antiguo Legado, entre muchas otras.



Chubut: la unión del sur frío
En el sur austral, la Cámara de Bodegas de Chubut une a productores de Trevelin, El Hoyo, Epuyén y Paso del Sapo.
A pesar de la escala reducida y las distancias, la estrategia común ha sido clave: presentaciones colectivas, proyectos de enoturismo y una comunicación unificada que destaca la frescura y precisión aromática de los vinos del sur.
Bodegas como Viñas del Nant y Fall; Contra Corriente; Patagonian Wines; Casa Yagüe; Bodega Y Viñedos Ayestarán Allard; Viñedos de Gualjaina; Viñedos de Paso del Sapo y Viñedos de Gaiman demuestran que la cooperación puede compensar la lejanía y proyectar una identidad patagónica sólida.




Una visión compartida
De norte a sur, los ejemplos de Luján, Jujuy, Buenos Aires y Chubut muestran que la cooperación horizontal es mucho más que un ideal: es el factor crítico de éxito de las regiones vitivinícolas emergentes.
No se trata solo de compartir recursos, sino de construir una cultura del vino como bien colectivo, donde la confianza, la reciprocidad y la visión de largo plazo reemplacen al aislamiento.
El vino argentino del futuro, parece decir la experiencia, se escribe entre todos.
Por Marcelo Chocarro



